¿Qué significa tener un trabajo?


El tener que “ir a trabajar cada día”, para algunas personas tiene una emoción satisfactoria de desarrollo personal, porque interactúa con personas con las que le unen intereses. Para otras es una obligación que lo único placentero es la retribución en dinero. También el tener un trabajo tiene distintas emociones como el trabajo en equipo, el trabajo en individual, una manera de vivir, representar una posición en la sociedad con o sin prestigio social, y otras más.

Para empezar, contestemos la siguiente pregunta: ¿qué esperas encontrar en el trabajo?

Muchos trabajadores piensan que se trabaja, ante todo, para poder vivir y pagar las deudas. Pero si ofrecemos dos trabajos muy parecidos, ¿cuál elegiríamos?, ¿el qué tenga una remuneración alta? La verdad, es que no. La elección del empleo la haríamos por distintas variables, como son: la duración de jornada, el horario, la ubicación del centro de trabajo, monótono o no, etc. Por lo que cada persona elegiría el empleo por causas diversas.

Seguimos con las preguntas: ¿Qué tiempo quieres dedicar al trabajo?

Lo que pretendemos hacer es acercarnos a la expresión de: ¿vivimos para trabajar o trabajamos para vivir? No todos tenemos la misma idea de que el trabajo nos debe consumir la mayor parte del día. La cuestión no se reduce a trabajo a jornada parcial o media jornada, o si los turnos deben realizarse en días festivos o de descanso. Tratamos de saber si el trabajo debe ser lo central de nuestra vida.

Los trabajadores deben preguntarse cosas como estas: ¿Qué importancia le doy a tener tiempo para estar con la familia y los amigos?, ¿Qué valor le doy a poder atender a mis hijos o a mis padres ancianos?, ¿Qué supone para mí disponer de tiempo para practicar deporte o mi afición favorita?, etc.

Otra pregunta: ¿trabajamos por placer?

Si esta pregunta la realizamos a cualquier trabajador, te dirán que lo mejor es trabajar en lo que te guste. Pero la mayoría dedica un trabajo que le aborrece, por distintos miedos como perder un sueldo, perder una posición social, perder una forma de vida, etc.

Uno de los secretos del buen funcionamiento de las Ongs, es que las personas que trabajan en ellas están encantadas de su labor, incluso la mayoría de los casos lo realizan de manera voluntaria.

Tendremos que cambiar el chip. Lo primero es descubrir que es lo que nos apasiona. Si tu vida no dependiera del trabajo, ¿qué te gustaría hacer? Lo que contestaríamos seria viajar. Bien, seguimos con las preguntas, una vez viajado, ¿Qué te gustaría hacer? Si mi vida no dependiera del sueldo, contestaríamos como: ayudar a eliminar el hambre del mundo, criar loros, investigar sobre el sida, etc.

Una vez identificada, seguimos. ¿Te dedicarías todas las horas del día a lo que te gusta? La consecuencia sería que la calidad de nuestro trabajo seria excelente, y, seguro, que seriamos más productivos y más felices.

Hay muchas posibilidades de tener un trabajo con pasión Si nos gusta la cocina, artesanía, teatro, etc ¡anímate! Seguro tu afición se convertirá en un buen modo de vida y será tu trabajo, lo que conseguirás es tener beneficios.

Seguimos preguntando: ¿Cuál es tu vocación?

Cuando miras en tu interior, ¿crees que lo que haces es tu pasión? Detrás de una carrera fracasada, de una vida arruinada, hay alguien que no es feliz. El ejemplo lo tenemos en empresas familiares exitosas, que fracasan una vez heredadas por sus hijos, principalmente porque no tienen la pasión que sus padres pusieron en ellas.

¡Busca, se valiente, encuentra su pasión! Por muy extraño que sea, lo encontrarás. Empieza con tu pasión en tus ratos libres, fines de semana, y cuando los primeros ingresos lleguen, lánzate.

Autora: Isabel Loureiro Varela. Orientadora Profesional.

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