Que no te etiqueten


El mercado laboral está lleno de etiquetas asociados a la edad. Se tiene la creencia de que juntar trabajadores maduros (más de 40 y de 55 años) con trabajadores jóvenes (menores de 30) se crea en la empresa  el “choque generacional”, porque tienen valores, intereses, formas de trabajar y de pensar diferentes.

Los trabajadores Baby Boomers (nacidos entre 1949-1965) son conscientes de que tienen que adaptarse a los nuevos cambios, como son la flexibilidad, las nuevas tecnologías, el trabajo de equipo. Sin embargo, tienen la etiqueta de que no quieren aprender y que tienen limitaciones para esta adaptación.

Que esta generación esté acostumbrada a comunicarse en persona antes que por email, no quiere decir que no se hayan acostumbrado al usar el whatsapp.

La generación X (los nacidos entre 1965-1980) se etiqueta como generación independiente, prefieren trabajar solos que en equipo, además no le importa hacer horas extras.

Sin embargo, es la generación de la conciliación. Querer equilibrar tu vida personal con la profesional no es sólo exclusivo de esta generación. Tampoco es verdad que no trabaje en equipo ni que sea flexible, porque es la generación que más cambios ha vivido.

La generación Y o los Millennials (nacidos entre 1980-1990), se dice que son flexibles, creativos, multitarea, comparten la información y prefieren la flexibilidad horaria.

Como puedes ver, el mercado laboral está totalmente etiquetado. Por eso no debemos tomarnos en serio estás generalidades. Me parece exagerado creer que los problemas en la empresa (en el mercado laboral) son por la brecha generacional.

Como orientadora profesional he visto a personas jóvenes que no querían aprender más porque ya sabían demasiado. Y por el contrario, he visto a gente con edad que tenían mucho por aprender porque aún no sabían nada.

No creo que un millennial no sea asertivo y esté dispuesto a asumir una sobrecarga de trabajo porque se supone que son multitarea. Ni creo que un trabajador del baby-boomer no quiera aprender un nuevo programa o proceso en su empresa porque “no es amigo de los cambios” y paralice un departamento o empresa porque sí.

Estoy convencida que todos ponemos etiquetas a todo. Creo que los prejuicios en cualquier ámbito son injustos. Pero en el ámbito laboral son muy arbitrarios y discriminatorios. Afectan a personas con nombre y apellidos. Y la empresa pierde una gran capacidad de poder ser productiva. Lo que se traduce en ser más competitiva.

Lo que tenemos que hacer es no caer en esas etiquetas cualquiera que sea. No caemos en su trampa. Estamos perdiendo una gran calidad de mano de obra que a nuestras empresas les harían mucha falta, y por hacer caso a creencias de estereotipos, perdemos competitividad.

Me quedo con mi frase (que la puse en otro post):

Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender (Alvin Toffler)

Espero que el post de hoy te haya ayudado. Si te puedo ayudar como orientadora profesional contacta conmigo

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