Bueno, bonito y barato: ¿es lo que buscas?


Muchas veces en las consultas de orientación, me comentan que las empresas lo que quieren son trabajadores jóvenes, sin experiencia, sueldos bajos, sin vacaciones, sin quejas, sin… sueldo.

Por eso se me ocurrió hacer hoy un post sobre cómo sería nuestro sueldo si en vez de un trabajador habláramos de una mercancía o servicio.

Pensamos que los trabajadores no podemos influir mucho para determinar nuestro sueldo, porque el mercado laboral es tan grande que no podemos enfrentarnos a él.

Pero si somos capaces de responder a estas tres preguntas, a lo mejor podemos negociar nuestro sueldo en la empresa. Veamos:

  • ¿Cuánto está dispuesto a pagar nuestro cliente (la empresa que nos contrata)?
  • ¿Cuánto está dispuesto a recibir el prestador de servicios (nosotros como trabajadores)?
  • ¿Cuánto nos va a permitir cobrar la competencia (otros candidatos/trabajadores)?

Ufff, ¡qué difícil responder! Si porque digamos lo que digamos, la respuesta de una nos condiciona la otra.

Vamos a ayudarnos con ejemplos.

Imaginemos que ofrecemos menos de lo que la empresa está dispuesta a pagar. Entonces, cuando la empresa me quiera renovar el contrato o a próxima persona que entreviste con mi mismo perfil, ya sabe que puede bajar el precio (el sueldo).

Bien, como trabajadores (prestadores de los servicios) asumimos una gran responsabilidad a la hora de aceptar el precio (el sueldo).

Si aceptamos un precio más bajo que el de mercado (por ejemplo trabajar sin contrato o fuera de hora) estamos asegurando el puesto de trabajo (me van a contratar porque soy más barato).

Sin embargo, esta decisión nos va a afectar en el futuro, porque cuando queramos un aumento (cambiar de precio) o reducir las horas de trabajar más, me van a decir que no.

Si por lo contrario pedimos un sueldo (precio) más elevado, seguramente no nos vayan a coger (hay otros como yo a menor precio).

A esta altura de artículo, seguro que no te diste cuenta que los trabajadores somos tanto el punto 2 como el punto 3 (los prestadores del servicio como de la competencia).

Por lo tanto, si nos movemos, movemos a los demás. Como unas fichas de dominó. ¿Por qué? si otro candidato al puesto pidió un precio elevado, me van a coger a mí porque he pedido un precio por debajo del que le dio el otro. Y si por lo contrario, pido un precio bajo, al otro no le van a coger porque pidió un precio más elevado que el mío.

A lo práctico. No entré en la empresa porque fuera el mejor candidato, sino que en la relación calidad – precio, era el que mejor precio tenia (salario pedía).

Vamos a ver otros factores que influyen en determinar nuestro sueldo (precio):

  • Especialización (diferenciación)
  • Productividad
  • Habilidades requeridas para el puesto
  • La reputación
  • La experiencia
  • La confianza

Sabemos que cuando acudimos al mercado laboral por primera vez (bien porque terminemos los estudios o bien porque no tenemos experiencia) el precio es bajo (contrato en prácticas, contrato de formación, contrato por horas, contrato por debajo de la cualificación profesional)

La mayoría de los que oriento me dicen que si están dispuestos a bajar precio a cambio de entrar en el mercado, coger experiencia, aprender y “por lo menos tengo un trabajo”.

Al cambiar de trabajo o de empresa o de puesto pueden aportar una experiencia y unos conocimientos que de otra forma no tendrían. Así que pueden negociar un precio (sueldo) con unas condiciones diferentes.

Entonces, ya tengo una posición de negociación que antes no poseía.

Si quieres defender tu sueldo, es necesario que la empresa (nuestro cliente) conozcan que tenemos un total dominio del tema (tareas y responsabilidades a realizar en el puesto), de las herramientas (maquinas, programas, procesos, etc.), que seremos productivos (sacaremos el trabajo a adelante sin problema), que somos buenos trabajadores (no quiere decir que no digamos tacos o que nos portemos bien, sino que somos buenos compañeros y que sabemos lo que hacemos), tenemos experiencia y habilidad para manejarnos ante imprevistos o inconvenientes del día a día.

Es decir: hay que justificar nuestro salario

Al revés también se aplica regla empresarial: bajada temeraria, precio sospechoso

Después de todo esto, que seguro que aún no lo tendrás claro, hay que añadirle:

  • El coste de producción (coste de ir y volver al puesto de trabajo)
  • La inversión realizada (estudios, formación, cursos, etc. que realicé para llegar al puesto)
  • Nuestro nivel de vida (pago vivienda, luz, comida, hobbies, coche, etc.)
  • Coste de venta de mi currículum (todo lo que me costó enviar los currículum y conseguir la entrevista)

Entonces, si nuestro sueldo (precio) es inferior al coste de producción (lo que necesito para vivir), es el momento de hacernos unas preguntas

  • ¿Vale la pena ir a trabajar por tan poco dinero?
  • ¿Debería cambiar de empresa (de cliente)?
  • ¿No sería mejor quedarme en casa haciendo otras cosas?

Lo que realmente quiere la empresa es que hagas el trabajo lo mejor posible, que los costes de formación y adaptación sean lo menor posible, que durante la jornada laboral saques el trabajo de la manera más productiva (que no esté nadie de la empresa pendiente de ti).

Entonces, como pasa con los productos, la empresa quiere: ahora a buena calidad a buen precio.

Pensemos como consumidores. Si necesitamos algo, por ejemplo arreglar el coche, lo queremos ahora, a un buen precio y que nos lo arreglen bien (que no tengamos que volver). ¿No? Las empresas también.

Si jugamos con estas tres variables, lo que estamos haciendo es perjudicando nuestras condiciones contractuales y perdiendo nuevas oportunidades de empleo.

Lo ideal sería que la empresa (nuestro cliente) sólo pueda elegir entre dos variables.

  • Si bueno + entrega rápida = tarifa elevada (alta cualificación y resolución de las tareas del puesto inmediata, hay que pagarlo)
  • Si bueno + barato = plazo de entrega más largo (cualificación baja pero no sé resolver las tareas del puesto, necesito aprender, podré trabajar independientemente dentro de un tiempo)
  • Si barato + entrega rápida =  trabajo no de buena calidad (no conozco mucho del puesto, pero lo hago rápido, hay posibilidades de que haya errores y tengamos que volver a hacerlo)

Por otro lado, podemos también hacer la siguiente clasificación:

  • Experto con formación = tarifa justa
  • Sin experiencia con poca/sin formación = tarifa baja

En cualquier caso, nuestra empresa (cliente) deberá ser consciente de lo que va adquirir para saber qué precio (sueldo) tiene que pagar.

Todo lo expuesto: como trabajadores no intentemos usar el precio como único criterio de contratación. Aportar valor añadido a nuestro sueldo. De lo contrario, estamos inmersos en una guerra de precios al que único beneficia es a la empresa.

Después de todo esto: ¿cuál es tu sueldo?

Finalizo, espero que el post de hoy te ayude y si te puedo ayudar como orientadora profesional, contacta conmigo

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